Leila Amat Ortega

Friedrich-Nietzsche1

Sería un poco arbitrario reducir un manifiesto a los ojos, pero lo cierto es que toda fotografía creada entra por esas puertas, aunque bien es cierto que no todos duermen con los ojos cerrados ni todos con los ojos abiertos ven o saben mirar. Es personal, pero es posible que yo sea de aquellas personas que no saben mirar bien del todo y por eso se refugia en una imaginería interior que sólo puede vislumbrarse en la abstracción que precede a una idea o en el desorden que reina en un sueño. Hace tiempo que concibo la fotografía como algo que va desde dentro hacia fuera y no desde fuera hacia dentro. Las imágenes para mí son siempre mentales, proyectos para extraer hacia el exterior y ordenarlos para que puedan ser saboreados, finalmente, a través de los ojos. Intento, en la medida de lo posible, crear universos en cada foto, realidades paralelas únicas, pequeños mundos cuadrados.

Antonio Machado dijo una vez que “el ojo que tú ves, no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve”. De esta manera concibo la fotografía como una serie de imágenes que nos analizan a nosotros mismos y no al contrario. Es la propia foto quien nos mira, quien nos estudia y detalla como individuos. Este examen no ha de ser siempre agradable, de ahí que no siempre se tengan en consideración las imágenes que expresan o representan las vísceras de la realidad… o de la más angustiosa y asquerosa ficción. Ante todo intento que mi fotografía vaya más allá de una mera representación de la realidad. Se dirá que ya la fotografía de por sí puede ser enormemente mentirosa, pero lo que yo busco es una transformación de la realidad, de ahí que a veces la cámara se me quede corta y tenga que trascender los límites de la fotografía con programas fotográficos. Muchos dicen que entonces la imagen deja de ser una foto para convertirse en un “artefacto”. Y yo digo: bienvenidos sean los artefactos. Pueden llamarse como uno quiera. Ni yo misma sabría clasificar el tipo de imágenes que me apasiona crear, pero tal vez podrían ser de corte “surrealista”, “experimental”, “creativo” o “conceptual”. No sé si todo esto se puede llamar arte o no, pero tengo muy claro que es lo que me apasiona hacer.

Mi objetivo es la búsqueda de una estética o tendencia en la que encontrarme cómoda, expresar emociones y sentimientos, ser el motor de una narración y generar mi propia poética de la imagen.

Fontcuberta dijo que “El problema de un fotógrafo es básicamente cómo llenar un agujero, qué poner en el hueco que constituye el visor de la cámara”. Gran parte de mi vida se centra, básicamente, en resolver este palpitante y bello contratiempo.

También se puede seguir mi trabajo vía
Facebook 🙂

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